El pasado viernes se entregaron los reputados premios Príncipe de Asturias, entre los que se encontraba un tal Shigeru Miyamoto, un tipejo japonés muy simpático que obtuvo el premio de comunicación y humanidades.
En lo alto de un armario, al fondo del garaje, en lo más oscuro del desván descansan guarnecidos por austeras cajas de cartón unos artilugios que en su día fueron contendores de ilusión y que ahora no son más que olvidados trastos antiguos.