Berlinale, Día VIII: Un film húngaro estremece la Berlinale
"Just In the Wind" ha noqueado duramente a la crítica con una brutal radiografía sobre la violencia ejercida sobre la población rumana en Hungía. El danés "A Royal Affaire" convence indagando en unos turbulentos hechos históricos del siglo XVII.
JUST THE WIND, de Bence Fliegauf (Sección Oficial)
Nota: 8.5
Hasta hoy mismo, Bence Fliegauf era uno de los nombres más prometedores del panorama del cine húngaro contemporáneo. Tras ver JUST THE WIND, no nos duele reconocer que nos hallamos ante una de las miradas más duras que posee el cine europeo actual. Su film es un mazazo en el pómulo, una pedrada en la conciencia, un latigazo de miserable verdad.
El film aborda un, ya de por sí, tema bastante nauseabundo: la oleada de homicidios que ciudadanos rumanos está sufriendo a manos de ciudadanos húngaros; la fatal acometida de esa flagrante vileza que es la justicia por la mano, a placer de capricho superior, en la carne desahuciada de seres humanos que tienen muy poco más que nada.
Fliegauf pone su cámara al servicio de una cruda observación: la de los tres miembros de una familia de rumanos que vive en una chabola, sita en el interior de un bosque. Una mujer que trabaja como empleada de limpieza, su adolescente hija y su desobediente hijo menor. El padre está trabajando en Toronto. Ante la incertidumbre de la integridad de su vida en Hungría, están todos decididos a partir hasta allí. El precario estado de salud del padre de la matriarca parece ser el único obstáculo para no hacerlo de inmediato.
El realizador se muestra muy tajante en la concreción de la presurosa máxima intencional que gobierna la globalidad de la obra: que la cámara se adhiera a tanto a lo precario de las condiciones de vida de los protagonistas, como a captar el pánico ante la amenaza de un ataque de los asesinos que acaban de matar a todos los componentes de una familia vecina.
A tal efecto cabe concluir que Fliegauf logra su propósito. JUST THE WIND huele, suena, expele una verdad de inusitado poderío alumbrador y siniestro. El húngaro, mediante una iluminación que abunda en claroscuros de interior, un palpitante uso de la cámara en mano, un tenso seguimiento a los personajes y, sobre todo, la abolición del más mínimo escape sentimentalista, consigue que el espectador sea consternado testigo directo de la nerviosa penuria atacada en la que se hayan inmersos sus personajes.
El hilo narrativo urdido es muy escueto: la contemplación de las acciones de los tres protagonistas durante un día que podría ser cualquiera, pero que la primera escena del film nos escenifica como el posterior al entierro de la familia recién asesinada. La madre va a su trabajo, la hija mayor acude a la escuela y el pequeño decide no ir a ella.
El posicionamiento de Fliegauf es severísimo: jamás cesa en lo estricto de su supurante prontitud: cuerpos durmiendo en una misma cama, seres humanos babeando una miseria infectada de drogas, intimidaciones de raza blanca, la inmundicia cotidiana de desheredados en el punto de mira de alguien que desea su huida o su aniquilación... JUST IN THE WIND es un furibundo, brutal, desesperado, necesario martillazo fílmico, que sacude el consternado ojo espectador con uno de los finales más demoledores visto en los últimos tiempos.
A ROYAL ARRAIRE, de Nicolaj Arcel
Nota: 7
Notable film histórico el que nos ha deparado el sano clasicismo adoptado por el danés Nicolaj Arcel en esta sólida A ROYAL AFFAIRE. En ella, Arcel traslada al espectador hasta la Dinamarca del siglo XVIII, durante le mandato del delirante y enfermo Christian VII. Un crucial momento de la historia danesa, que desarrolla, con mucho detalle, la subida y caída en desgracia de su médico mental, el físico germano Johann Friedrich Struensee.
El film urde un atractivo fresco investigativo en torno a la llegada del pensamiento ilustrado a ese país y, sobre todo, la forma en las que los partidarios de éste intentaron llegar hasta las más altas instancias del poder para invertir el organigrama político social, hasta entonces en manos de la iglesia, la aristocracia y los poderosos convencidos de las formas medievales sometedoras de la voluntad del pueblo.
La película parte de un hecho nupcial: la boda pactada del Rey con la princesa Carolina Matilde. Ambos no se conocen. El rey es un ser con las facultades mentales absolutamente desquiciadas: un caprichoso ajeno a todo lo que tiene que ver con el ejercicio de su cargo, un bobo delirante incapacitado para tomar la más mínima decisión: un juguete en manos de la Reina madre y su grupo de oscuros privilegiados mandamases.
La boda con la princesa ocasiona la decisión de que le sea buscado al rey un médico que le amaine lo voluble y excéntrico de su carácter. Ahí es donde los partidarios de cambiar el orden de las cosas ven la ocasión de incluir la culta, moderna, inteligente y profesional figura de Struensee.
A partir de este momento se teje una tupida red de planificaciones que dan con el germano en el puesto más alto del estamento gubernamental del país: una ola de libertad político-social irrumpirá tras las modernas leyes que el médico alemán irá dictando y haciendo firmar al encantado Rey.
Sin embargo, la película, paralelamente a la trama política que traza con impecable claridad, va dirimiendo una turbulenta trama amorosa: la que involucrará al médico con la princesa. De hecho, el film es el repaso memorioso de ésta, obligada a esclarecer unos hechos, mediante una carta escrita a sus queridos hijos.

El film es uno de esos firmes ejercicios narrativos en los que el peso de la historia no apabulla la verosimilitud de las relaciones entre sus personajes. No hay ápice alguno de acartonamiento. Arcel demuestra una sana pericia a la hora de hacer avanzar fluida e intensamente las dos líneas argumentales descritas, sin dejar de aprovechar la ocasión que le presta el patético infantilismo del monarca para sugerir una prudente mirada crítica a esta clase de figuras manipulables que ocupan, quizás por ello, un cargo que no merecen.
Soberbiamente interpretada por Mads Mikkelsen, A ROYAL AFFAIR no trata jamás de aportar una mirada experimental al género que transita, no combate conscientemente el transparente clasicismo histórico en el que se integra, pero sabe seguir a pies puntillas el canon de esa siempre apetecible regla que es hacer bien lo que uno se propone.




